DÍAS QUE SE QUEDAN

HAY DÍAS QUE SE QUEDAN PARA SIEMPRE. Están hechos de una materia que se renueva constantemente y su luz no tiene final; son irremplazables, fieles a sí mismos, y la memoria... no puede reescribirlos.

Hay un viernes, uno de otros años, ¡tan especial!, que le tengo un cariño doble, triple. Uno que, no obstante sus pequeños sucesos, continúa obsequiándome su calidez.

La mañana de ese viernes me acompañó la poesía, escrita con aerosol sobre tarimas de construcción en una preparatoria en la que di clases. Muchachas y muchachos entusiastas participaron reproduciendo los versos de algunos poetas mexicanos actuales, en lo que se llamó Acción Poética Zuma.

Poco después llegó una de las poetas elegidas para esta "antología sobre madera de construcción": una amiga a la que no veía en casi veinte años. Y la mañana se hizo de versos y recuerdos gratos.

Al mediodía, ya en casa, vino mi hijo, muy querido, y el breve tiempo en que lo vi llenó mis ojos y mi corazón, y no necesité más.

En la tarde las bromas entre La Necesaria, la señora Lulú, que nos ayudaba en el aseo de la casa, y yo mismo, dieron un toque de festejo a esa tarde.

Al salir a comprar un pastel para celebrar mi cumpleaños, encontré a una alumna mía que me vió pasar y corrió hacia mí... tan sólo para saludarme.

En la noche, a solas con La Necesaria, escuchamos "Wonderful, wonderful", cantada por Johnny Mathis, y recordamos la escena final de "Desperate housewives": mientras se oye la voz de Mathis, una vieja vecina, gruñona pero apreciada por las esposas desesperadas... muere; y al mismo tiempo nace un niño en un hospital, y en una fiesta de bodas muy alegre, unas niñas bailan con su mamá y su papá; y repito, todo ocurre al mismo tiempo. 

Como bien me dijo La Necesaria: "Es la vida".


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