EL TIEMPO LO SUPO

 Cuando AMLO tenía poco tiempo de haber asumido el cargo presidencial, dos "amigos" de la infancia, durante una reunión de café, me recibieron de manera desagradable, francamente. Sobre todo uno de estos ex compañeros de la primaria "República de Tanzania", un tal Jorge Canaval, estuvo buen rato chingue y chingue con una pregunta muy imbécil, fastidiosa: "¿Y tú qué harías, Cortés, si (AMLO) se reelige?"

Fui paciente, y mucho; y le expliqué que eso no pasaría, y le di la "clase" respectiva, o sea argumentos constitucionales y políticos. ¿Y entendió el tipo? ¡No! 

Y no sólo él se montó en su macho, también el otro ex amigo que estaba ahí, un panista resentido, muy dado a las corruptelas que hacían prosperar sus negocios con el gobierno anterior de la CDMX.

Llegó un momento en que dije a Canaval: ¡No digas pendejadas, por favor!

Y claro, se ofendió el anciano, y pretendió ponerme en aprietos cuando me preguntó: ¿Me estás  diciendo pendejo?

Obvio que no se lo había dicho así; yo le pedí que no dijera pendejadas, que es distinto. Pero ante su burda provocación, lo medité apenas uno o dos segundos y le dije: Sí, eres un pendejo.

Como era de esperarse... él no dijo más y no hizo nada. 

Después de esa incómoda reunión no volví a verlos, ¡y qué bueno que haya sido de esta manera!

Lo menciono porque el tiempo confirmó lo que le expliqué al tipo aquel con demasiada paciencia y pérdida de mi tiempo: AMLO era y es un hombre congruente, y siendo maderista respetó la no reelección y sus principios políticos y personales.

Y miren que lo intuía yo desde el 2006 cuando voté por él, y también en el 2012 y en el 2018.

Y sonrío porque... ¡ambos ganamos!


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