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DÍAS QUE SE QUEDAN

HAY DÍAS QUE SE QUEDAN PARA SIEMPRE. Están hechos de una materia que se renueva constantemente y su luz no tiene final; son irremplazables, fieles a sí mismos, y la memoria... no puede reescribirlos. Hay un viernes, uno de otros años, ¡tan especial!, que le tengo un cariño doble, triple. Uno que, no obstante sus pequeños sucesos, continúa obsequiándome su calidez. La mañana de ese viernes me acompañó la poesía, escrita con aerosol sobre tarimas de construcción en una preparatoria en la que di clases. Muchachas y muchachos entusiastas participaron reproduciendo los versos de algunos poetas mexicanos actuales, en lo que se llamó Acción Poética Zuma. Poco después llegó una de las poetas elegidas para esta "antología sobre madera de construcción": una amiga a la que no veía en casi veinte años. Y la mañana se hizo de versos y recuerdos gratos. Al mediodía, ya en casa, vino mi hijo, muy querido, y el breve tiempo en que lo vi llenó mis ojos y mi corazón, y no necesité más. En la t...

EL TIEMPO LO SUPO

 Cuando AMLO tenía poco tiempo de haber asumido el cargo presidencial, dos "amigos" de la infancia, durante una reunión de café, me recibieron de manera desagradable, francamente. Sobre todo uno de estos ex compañeros de la primaria "República de Tanzania", un tal Jorge Canaval, estuvo buen rato chingue y chingue con una pregunta muy imbécil, fastidiosa: "¿Y tú qué harías, Cortés, si (AMLO) se reelige?" Fui paciente, y mucho; y le expliqué que eso no pasaría, y le di la "clase" respectiva, o sea argumentos constitucionales y políticos. ¿Y entendió el tipo? ¡No!  Y no sólo él se montó en su macho, también el otro ex amigo que estaba ahí, un panista resentido, muy dado a las corruptelas que hacían prosperar sus negocios con el gobierno anterior de la CDMX. Llegó un momento en que dije a Canaval: ¡No digas pendejadas, por favor! Y claro, se ofendió el anciano, y pretendió ponerme en aprietos cuando me preguntó: ¿Me estás  diciendo pendejo? Obvio que...

LO QUE NO SE HEREDA

MAGNÍFICA COCINERA, sí, mi madre, Sofía Tapia Nava, era una magnífica cocinera. Quienes  la conocieron y probaron sus platillos podrían confirmarlo; quizás hasta la vieron cocinando en su lonchería "Sofi", en Chilpancingo, o charlaron con ella y recibieron su sonrisa abrigadora. Lo que tal vez no sabían es que, no obstante que preparaba platillos caseros de la cocina guerrerense, ella tenía un "toque" tan especial y una intuición innata que le hicieron ganar un concurso gastronómico en los años 80. Quienes trabajaron en el entonces proyecto hidroeléctrico de El Caracol, en el estado de Guerrero, podrán dar fe de mis palabras y hasta corroborar que la esposa del ingeniero Alberto Escofet, ingeniero residente de la obra en aquellos años, se llevó un adobo con puerco, platillo simple en apariencia, en helicóptero, sí, leyeron bien, ¡en helicóptero!, hasta el entonces Distrito Federal, para que concursara el platillo preparado por mi madre... ¡y ganó el concurso! Lo que...

A MANERA DE INTRODUCCIÓN

JACARANDA No habrá manos que detengan el hachazo invisible Nada impedirá que sea un cadáver sin retorno astillas en galope hacia la amnesia Cuando los moradores hayan vuelto a casa al fingido bronce del mediodía doméstico sus ojos, golpeados por el vacío que ahora subraya al cielo se esparcirán por el patio como polvareda de preguntas mudas, inútiles (No habrá comidas gozosas No habrá secretos que mondar bajo la fronda El columpio no acompasará las tardes) Entre las ramas caídas los deudos de la jacaranda encontrarán una certeza brutal esa que durante años disfrazaron con un sereno adverbio de tiempo Óscar Cortés Tapia